Literatura

Ciberayllu
6 abril, 2007

El fulgor de tu cuerpo*

Poesía

Carlos Henderson

 

C. H.
por Bernard Noël

En este breve  conjunto de poemas, Carlos Henderson inventa una sensualidad verbal. Procede con la mayor naturalidad haciendo que converjan imágenes venidas de la mitología amorosa y ritmos y sonoridades que modula de manera seductora (por no decir acariciadora). Su logro está en la conjunción que une sonido y sentido para construir pequeños cuadros evocadores, de los cuales uno no sabe si convocan sólo la memoria personal o si constituyen espejos del Amor. La elección obstinada de la simplicidad da, en efecto, a cada frase un pulido sorprendente, reflejando una profundidad a la vez que nos deja delante de una expansión. Cada frase es un brillo que refracta el pensar amoroso al mismo tiempo que hace resaltar el deseo sobre la reflexión del deseo.

En general, la obra poética de Carlos Henderson es menos mesurada. Trabaja la materia cultural peruana jugando con dos grandes influencias: Martín Adán y César Vallejo. Es decir que accede espontáneamente al movimiento épico porque la violencia de la historia pesa, en ese país, sobre todos. Incluso se diría que el poema surge de la agitación de esta historia: agitación que rompe la retención del mundo íntimo para hacer rugir la lengua solidariamente con la sensibilidad colectiva.

Aquí, en este poemario, siguiendo el ejemplo de Emilio Adolfo Westphalen, a quien además se lo dedica, Carlos Henderson no tiene otra preocupación que el rigor, la precisión y la emoción discreta para hacer que se exprese el temblor de la pasión en el cuerpo del poema. La emoción de la carne no debe decirse: debe traducirse en un trabajo silábico del cual el efecto rítmico y sonoro creará una emoción verbal y comunicativa.

(Bernard Noël, escritor francés, es ganador del Prix National de Poésie en 1992.)


 

Homenaje a Emilio Adolfo Westphalen

 

 

ELOGIO, EN LOS INICIOS

Ella precedía un cortejo de cuerpos celestes, yo me auné al asedio. Paseamos por las alamedas; las fuentes surtían luces. Descubrimos la ciudad desde lo alto de la colina más  alta, y descendimos: esculpido sol rojo entre mis brazos.

 

MI FORTUNA

Para mí giran los astros. Yo he descubierto el brillo de tu cuerpo en una larga noche, el fulgor de tus axilas ha sido joyas, ¿qué digo?: gotas de rocío, luz de mediodía. Y tu mirada dictada por el gozo, tus senos que tiemblan en mis manos, y toda tú al contacto de mis besos, me permiten decir no estoy en los umbrales, estoy en la casa de mi fortuna.

 

NADA ME HACE OLVIDAR A LA QUE AMO
MUCHO MÁS QUE A MIS DÍAS

Aquí repito las preguntas que varias veces nos hicimos: ¿qué aguas prestas a encenderse son nuestros cuerpos? ¿nosotros qué leyes obedecemos, qué leyes nos dictan la pasión con que resplandecientes y faustas aguas de un río entran en la mar?

 

TÚ ESTÁS HECHA DE LO QUE PUEDE HACERME DICHOSO

La gente dice que la imagen de quien se ama, a donde vayamos, creemos encontrarla. Yo creí seguir a mi bella, cielo y tierra se unieron agitados en mi corazón. Creí ver el vaivén armonioso de su porte pequeño, el gesto apartando de los ojos una larga cabellera.

¿Qué será de mi vida si me falta lo que puede hacerme dichoso? Nada me será propicio ni deseo evasión.

 

HE PERDIDO A MI BELLA, TODO DESTELLO
ME ES AJENO O INDIFERENTE

He perdido  a  mi bella, todo  destello me es ajeno  o indiferente.  Es  de  ella,   de mi bella, en mi lecho, de la que espero ser rehén y de ninguna otra.

El perfume de tu piel en mi piel todavía perdura:  sólo fue ayer que fuego y  nuestros cuerpos ínsito, divino exceso juntos inventaron.

 

AL LADO DE MI BELLA TODA HORA
ERA SÚBITA LUZ

Vuelvo de un paseo por las inmediaciones del bulevar. Hoy mi contento fue grande: hallé un árbol con flores de abril, el mismo que no hace mucho mustio mostraba sus ramas ennegrecidas. Venciendo lianas umbrías, es  la primavera que regresa con sus ofrendas: pequeños sones melodiosos y su verdor.

Acabo de exaltar la primavera, a la par debo exaltar tu belleza: si tú hubieses respondido a mi llamado, estuviésemos retardándonos en parques, bulevares y avenidas. Tú serías el centro de todas las miradas, yo no ahorraría elogios que otras mujeres llegaran a envidiar.

 

TÚ ESTÁS LEJOS: LOS AMANECERES
SON TRISTES

Esplendidez desdichada. Lejos de mi bella yo rehúyo a mis amigos de quienes podría encontrar hospitalidad  y compañía, alrededor de una  mesa  donde se brindase dulce licor. ¿Pero existe para mí otro dulce licor que no sean tu cabellera, tus muslos, tu cintura, tus murmullos como de las olas —fieras, suaves, febriles— al   acercarse a la arena? ¿Pero  existe para mí  —me repito— otro   dulce   licor, acaso  otro infinito —ahora sólo en mi memoria—   que  aquel  de  la   llegada   del      día cuando  nuestros   cuerpos  avistan  la extensión de  la explanada que nunca  podemos abarcar   con  nuestros ojos extraviados?

Mi bella, mi dulce amiga, tú estás  lejos: los amaneceres son tristes.

 

EN EL PASADO VENÍAS NUMEROSA
COMO UN RÍO

Y bien, quiero que se conozca cómo amé la luz que no admite sombras. Innumerables veces fuimos por los mercados, las ferias de artesanías, escudriñamos rincones que la ciudad oculta al extranjero.

Le hacía reparar en preciosas naderías, en gatos de barro, en ángeles de paja, en el olor de la lluvia; yo dulcemente agregaba otros adornos a tus suntuosas vestiduras, una flor amarilla a tus cabellos. Yo me sentía el danzante de las tijeras.

 

IMPOSIBLE, IMPOSIBLE ASUMIR
LA RENUNCIA

¿Mañana sabré en qué ciudad esperará ella la vuelta del verano? ¿Atravesaré con la imaginación los espacios que nos separen, los océanos y continentes? No. Tampoco me contaré entre aquellos que admirarán su belleza, a pesar de la  magnificencia y del esplendor de la estación.

Imposible,  imposible asumir la renuncia. Sólo tú podrías alejar mi desventura, alegrar mi corazón.

 

* * *

 

*   Publicado con el título En el pasado venías numerosa como un río, Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco de México, D.F., 1980. Esa edición tenía catorce poemas.  Reescritura: Lima, 1990-1992. París, abril 2000; marzo 2007.

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© 2007, Carlos Henderson
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Cita bibliográfica sugerida para este documento:

Henderson, Carlos: «El fulgor de tu cuerpo. Poesía. » , en Ciberayllu [en línea]

705 / Actualizado: 06.04.2007